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El Renacimiento andalusí

Emilio González Ferrín

Universidad de Sevilla, España

Al-Andalus no es un tiempo pasado, sin más; es un componente. Los tiempos pasan (aunque a veces se resistan a hacerlo), y los componentes se diluyen sin que los grumos, al principio reacios, supongan al final mayor cortapisa frente a la tónica general que impera en la Historia en marcha: siempre se acaba mirando hacia el futuro; lo importante es siempre cómo afrontamos cuanto viene. Ese al-Andalus como componente, en nuestra opinión, es la matriz de Occidente, de la Europa que en al-Andalus saltó del Medievo para vivir un primer Renacimiento. Sin embargo, la historia de Europa se ha escrito siempre contra el Islam, y al-Andalus formó parte de la Edad de Oro de Dar al-Islam. ¿Cómo hacer compatibles esas ideas; esa Edad de Oro del Islam forjando la Europa del Renacimiento?

Pues probablemente depende de lo que decíamos; de cómo miramos el futuro. De si somos capaces de imaginar un futuro quecontenga o no la referencia a mundos compatibles; frases que incluyan términos como Occidente e Islam sin mayor contraste. Sólo con una mente abierta a cuanto se nos presenta, y no presentando las cosas según las teníamos ya pensadas, seremos capaces de comprender la magnífica complejidad de la historia. De superar la dualidad mental en la que nos han educado; de exclusividad entre culturas, idiomas, religiones.

De hecho, la compatibilidad histórica de Al-Andalus como Edad de Oro del Islam y Renacimiento europeo es probablemente la mejor educación intelectual para futuribles. Pero para comprenderla habrá que superar las reservas con que en un determinado rincón de Europa hemos contemplado siempre un tiempo propio, sentido como ajeno, por culpa de una pobre educación acerca de los mitos fundacionales de España. O, si no, a la contra: porque en ese rincón de Europa siempre se ha pensado que quien se sintiera orgulloso de heredar un tiempo como el andalusí, resulta que formaba parte de una cierta quinta columna de la desintegración patriótica.

Así, quien hoy busque a al-Andalus, se encontrará con un algo esparcido, mutilado y tan mudado de color, que toda muestra será siempre metonimia: la parte por el todo. Ya sea vilipendiada, ninguneada o, por el contrario, sobredimensionada y ensalzada. La parte siempre folklórica por un todo tan específico como normal.

Normalizar la lectura del tiempo andalusí, equilibrar su sentido histórico, es una inmejorable forma de educación para el futuro. Sobrepasa la pobre sensación de Estados monoparentales (religión, idioma, regionalismo genético), alimenta la percepción de la riqueza cosmopolita y contribuye, en definitiva, a contemplar la historia mirando hacia las ramas, conscientes de la firmeza de las raíces.


 

 
 

 

 
     
     
     
     
 

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